Entre cuatro paredes
castigo mi cuerpo
con hierros forjados
para sentir el dolor.
Y no cesarán
en su empeño
de desgarrarme,
de extenuarme,
por ver cumplido
su cometido,
aliarse con la gravedad
que les ayudará
a tirar de mí
hacia el suelo.
Mas no podrán conmigo
pues mis músculos
se harán más grandes,
más fuertes.
No se dejarán amedrentar
y combatirán el suplicio
pero no se abandonarán
a su triunfo.
Prefiero mi propio castigo
que el sometimiento.
Y me ahogaré en el sudor
y las lágrimas que
deba verter para
salvar mi dignidad y orgullo.
Pero no cederé
a sus pretensiones
de sentirme vencido.
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