Como el escalofrío del suave tacto de una pluma sobre la piel erizas con tus dedos los poros de mi espalda. Con suavidad vas acercando tus manos a mi cuello que, cargado por el duro trabajo diario, se siente engarrotado, tenso. Con tiernos pero a la vez bruscos movimientos lo presionas y masajeas haciendo de ese dolor una mezcla de sufrimiento y placer al mismo tiempo.
Me pides que me quite la camisa y me tumbe boca arriba.
Acercas tu cara a mi pecho y empiezas a rozarme con tus labios.
A penas puede oirse el silencio.
Con la mirada clavada en mis ojos y con un sutil gesto tu boca empieza a deslizarse rozando mi cuerpo.
Liberas tu húmeda lengua y sigues bajando por mi cintura.
Mi sexo empieza a pelearse con el pantalón que se vuelve su carcelero.
Quiere fugarse para entregarse a tu boca pero se amedrenta, se retrae pues no sabe si tus labios querrán rescatarlo.
Sin despegar tu mirada de mis ojos desabrochas el botón de mi pantalón.
Es entonces cuando , en el momento en el que espero saciar tu hambre de mi ,......... despierto.
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